La espiritualidad
Inmersos en un agitado océano de ocupaciones y preocupaciones –unas, más o menos razonables, y otras, sin ton ni son- los seres humanos nos estamos negando a disfrutar de una necesaria pausa, en la que nos pensemos y nos sintamos en nuestra verdadera dimensión. Vamos perdiendo la capacidad de mirar hacia nuestro interior y sentir, corazón adentro, esa dimensión trascendente que se expresa en la fuerza de la espiritualidad. Gandhi sostenía que la espiritualidad no consiste en recitar las escrituras o transitar sin cesar por los debates abstractos, sino en “cultivar el corazón”, lo cual requiere de una fortaleza inconmensurable, puesto que la intrepidez es el requisito inicial de la espiritualidad, su acta de nacimiento, su entrega sin retorno. Decía: “El camino más largo y difícil que tiene que transitar el ser humano, es aquel que va desde la mente hacia el corazón”, para descubrir el Amor, que es la mayor fuerza del mundo y, al mismo tiempo, la más humilde que se pueda imaginar.
Recorrer este camino es tanto más urgente hoy, cuando existe una percepción espiritual demasiado limitada en el mundo. La humanidad vive un verdadero colapso moral, provocado por un materialismo ilusorio que menosprecia las bases de la dignidad humana. Por eso es que ahora debemos sentir el anhelo de una profunda renovación del espíritu, el deseo urgente de que se inaugure una narrativa más humana, con matices más amables, más felices. Una nueva humanidad sólo podrá surgir de una percepción diferente de lo que somos, que dé lugar a la creación de acciones desinteresadas y compasivas hacia los demás.
La nueva ética social tiene que surgir de una conciencia intuitiva del espíritu, que genere una red humana global que pueda influenciar en las políticas públicas con el fin de que la sociedad sea liderada por personas y organizaciones que trabajen en la defensa del ambiente, en la vigencia de los derechos fundamentales, en la solución pacífica de los conflictos, en la compasión y en el amor. Vale recordar lo que, hace algún tiempo, se dijo en un manifiesto de la Alianza para una Nueva Humanidad, que dirige Deepak Chopra: “Debemos enseñarles a nuestros hijos que los héroes más grandes no son como Rambo, que para ser alguien en la vida no hay que ser agresivo ni competitivo, que los verdaderos héroes son como Jesús, como Gandhi, como San Francisco, como Martín Luther King. Que las cosas mejores de la vida son la ternura, la bondad, las sonrisas, el amor de una madre, la alegría de una pareja enamorada, el perdón, la reflexión en los ojos de los ancianos, y la belleza de los momentos de serenidad.”
Pablo Estrella





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